Te
esperé como quien no sabe de soledades, como si no pudiera lidiar con el
silencio, conmigo.
Te
esperé tan lejos de todo, que te esperaba, incluso, lejos de vos; como a propósito.
Como si supiera que en la quietud pudiera acercarme, pero no.
Imposible
la vuelta que pretendía, una miseria ruin de mi cabeza que jugaba a pretenciosamente
sacando culo y haciéndose la interesante, un poco intelectual y terminó indefectiblemente
derritiéndose en la viscosidad de una sombra ajena.
Y
otra vez la misma canción, taladro que acicala la autocondescendencia pero que
me pone en la vereda de enfrente de lo que quiero ser. Ahí, en ese instante
mismo de esquinas metafóricas y reales te veo venir. Con esa mueca nostálgica
que me desordena la biblioteca.
Te
siento, casi te palpo, casi te huelo, casi que, casi que, casi, casi…
Siempre
fracción, nunca número entero y vuelvo a esperarte idiotamente, inventando
adverbios de modo para no extrañarte tanto, para jugar a que en el papel sos
muchas, una repisa llena de musas mentirosas, exageradas, con tanto gusto a vos
que empalaga.
Juego
a soñarte y me pregunto antes de dormir quién quiero ser, sin vos, siempre, por
las dudas. No vaya a ser que aparezcas y me cambies lo planes y vuelvas y otra
vez… no, otra vez no, por favor. Ya no tengo grises, ni silencios, ni rincones,
casi ando sin letras para vomitar, ando ahí, sin palabras que mascar. Así me
tiene este ayuno: tan prostituto de puntuación, tan cargado de comas
masturbatorias, tan ajeno a otros yoes, que me obligás a cuestionarme.
Dejo
un renglón y sigo, porque ya no te escribo, pero quiero continuar con este autoflagelo
que tiene de memoria el estribillo de la canción que más veces cantaste. Pero
no te escribo, me escribo a mí sin vos, que no es lo mismo. ¿Es lo mismo? Lo es.
Quiero
empezar de nuevo en la hoja y no puedo no verte, tan parecido a mi, tan El
Otro, tan William Wilson, tan espejo, tan esperpento gótico real maravilloso
fantástico y realista de mi mismo que sonrío con la misma mueca con la que me
encontré en esa esquina, con la culpa intolerable de ser uno más.