En el juego absurdo sin sonidos aparecen todos los rostros ausentes que llenan el álbum de los tácitos y, por supuesto, el tuyo.
Es en estas pequeñas faltas donde más me gusta cargarte de una ficción hiperbólica que nos queda potencialmente inmensa.
Tal vez, aún en un imposible silencio absoluto, aturde que no estés (siquiera acá).
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