Mayo

Siento el destierro arraigado a los silencios, porque ahí aparecen los clichés de dos por cuatro que salpican astillas y se clavan debajo de las uñas penetrando la carne.
En el juego absurdo sin sonidos aparecen todos los rostros ausentes que llenan el álbum de los tácitos y, por supuesto, el tuyo.
Es en estas pequeñas faltas donde más me gusta cargarte de una ficción hiperbólica que nos queda potencialmente inmensa.
Tal vez, aún en un imposible silencio absoluto, aturde que no estés (siquiera acá).

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