Cuando teminemos la suerte, nos quedará la nostalgia empalagosa del vino mendocino y su Aconcagua, de la foto de la gata durmiendo en tu espalda, de las madrugadas, series incompletas, tu triple negación, los pasillos en los que los besos caían en offside, pocos festejos, las confesiones, la vez que te rocé la espalda sin vergüenza y el contrafáctico eterno de no saber qué pudo ser.

Ninguno de los dos tuvo al alcance un cómo acorde a nuestra circunstancia repleta de a destiempos.

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