Abya Yala

No les quiero regalar más eufemismos. No hay metáfora ni recurso poético que pueda describirles; ni siquiera el tigre depredador de Martí.
No quiero prestarles disfraces. Hay que exponer su naturaleza, sus entrañas y sus pasados que se repiten incansablemente.
Otra vez, aquello que juramos que jamás volvería, resurge de la mano de miserias caducas, rompiendo con muerte, nuevamente, la historia de nuestra región.
No hace falta análisis exhaustivo para saber protagonistas: son los mismos de siempre, quienes se esconden detrás de distintas pieles, nombres y banderas, pero que suelen repetirse en los mismos instrumentos materiales e ideológicos del Siglo XV.
Van, con la victoria entre los dientes apretados, con la mirada prácticamente descolocada, con la proclama bastarda de las instituciones y la democracia y la república y los santos evangelios. Y con odio, sobre todo, con odio.
Desgarran por enésima vez la memoria de los pueblos, creen destruirla, porque por un rato nos liquidan. La angustia nos va inundando todo y llueve y no corre el viento y nos ahogamos. Nos quiebran casi hasta la destrucción, pero siempresiempresiempre; mientras que de aquel lado transcurren con un bruxismo incontrolable, mientras festejan, mientras odian... acá nos abrazamos, fraternalmente y sin fronteras.
Por los compañerxs que dieron la vida por la lucha incansable de una Latinoamericana más justa y soberana, por la reparación histórica que nunca tuvieron nuestros pueblos originarios, por el presente y el futuro de todo el pueblo de la región y por la convicción de una Patria Grande, apostamos a no callarnos nunca más. Elegimos entendernos hermanxs y no enemigos, elegimos el amor antes que el odio, preferimos no abandonar la lucha por la verdadera libertad, elegimos apretar los puños antes que los dientes.
No hay disimulo ni alegoría que les quepa, el enemigo de Latinoamérica viene siempre del mismo norte, pero en definitiva termina germinando en nuestro patio. Por eso, en una eterna disyuntiva, se abre un abismo que separa más profundamente: de este lado de la mecha siempre resurge la primavera porque en la otra orilla de la historia solo viven los que odian.

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