En el tercer cajón

Va siendo la madrugada y vuelvo a revisar tus palabras que intuyo mías. Respiro nuevamente el sabor agridulce de tus letras, palpo el perfume de quien seguís siendo, incluso a pesar del tiempo. Adicción perenne de tu recuerdo inacabable, de una historia trunca, imperfecta, soñada.
Voy leyendo los epígrafes que contradicen las imágenes y que a la vez rompen la ilusión de hacer propio lo ajeno.
La colección me llama desde aquel cajón, pero no intento buscarte en monólogos lejanos sobre los que debés preguntar su paradero.
Así, intuyo, recorremos la morgue, buscando el cuerpo ausente de un gran pasado que cada año regresa por partida doble. Que deja un sonido hueco. Una bocanada de aire puro que decora el pecho; el aliento de un recuerdo que vuelve a la vida abrazado a la sonrisa más fiel.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que la vida siempre te regale abrazos que te hagan sonreir y te dejen seguir abrazandola...