Por eso propongo mis últimos azúcares a esos tácitos tan cuidados que disfrutan, desde ignorarme, toda la complejidad de mi prosa. Va sintiéndose lo amargo de lo último, esa amargura que solo se siente cuando el final coincide con la ausencia de un principio. Ese desenlace que te ofrece una libertad fresca, la misma a la que te enfrentás cuando te topás con una hoja en blanco, exactamente la misma que te ofrecería la posibilidad de burlarte de las consecuencias de caer infinitamente.
Hasta acá mis letras dedicadas a ella, quizás esta sea mi zeta, mi último paso hacia adelante; tan cobarde como imaginarla mía, tan iluso como imaginarme suyo; tan a destiempo, como algún beso perdido entre risas confusas por mirarte tan de cerca.
Debo hacerle caso a tantas ranas y estrellas que me acusan de poco simple y quizás no descansar en las pausas lindas, debo buscar hacer eterno lo bello y viceversa, aunque nada es del todo bello, aunque nada sea eterno.
Querido amigo, otra vez recurro, sin dudas abusando, a lo distorsionado; aquello que en definitiva me resulta muy poco práctico y carente de resultados. A aquello que, sin embargo, perdiendo después de un all in, me deja absolutamente ileso.
Querido amigo, otra vez recurro, sin dudas abusando, a lo distorsionado; aquello que en definitiva me resulta muy poco práctico y carente de resultados. A aquello que, sin embargo, perdiendo después de un all in, me deja absolutamente ileso.
3 comentarios:
Si pensamos que un viejo amigo nuestro dijo alguna vez: "La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas", no deberíamos (ni vos, ni yo) preocuparnos. No por vanidosos, sino porque lo estamos intentando.
Un hilo enroscado también fue el que salvó a Ariadna
Juan me encanto lo que escribiste, te mando un beso. Soy Agos(del Joaquín) desde la cuenta de una amiga.
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