Dorothy

Que se me acaben las letras me genera un sentimiento parecido a caminar descalzo en una superficie hostil. Es como un grito de gol atragantado, como una parcialidad que no encuentra su parte en el todo, casi como perder un sentido.
Quedarme sin palabras me aterra, me obliga a silenciar a mis dedos; así siento como todo lo que quiero decir se va acumulando en mis uñas, a la espera del contacto -casi orgásmico- con el teclado.

A la vez, carecer de todo esto, pone punto a cierta abundancia desmedida de frases impersonales. También es volver a serle fiel al esquema de comunicación tradicional, poniendo otra vez un receptor consiente del mensaje.

Aún así, sigo tacitando lo explícito, en virtud de no poder regalarme un anonimato que me haría impune. Por eso sigo ofreciéndotelo a vos, en esa prosa de hilo trenzado que sutura los blancos y negros, imposibilitándonos los placeres que dan los grises.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los tácitos se ameritan ser reconocidos sin ser nombrados, aclarados. Pero su pura verdad se escondió en sus mil y un significados durante un tiempo incalculable.
Te miento si te digo que desconozco en completo todas las historias que escondés retorcidamente entre tus letras. Pero también mentiría si digo que se volvíó claro lo que para mi siempre fue oscuro.
Sigo disfrutando... De tu misterio, de esas metáforas que encoronan tus palabras, de ese sentimiento de abismo y vacío que causan a la vez en mí.
Me deleito con los blancos y los negros, a pesar de ser el gris aclamado por muchos como el estado de más alta cumbre.
Que tus letras no se acaben, que tus dedos no se silencien, que tus verdades no se sientan al desnudo. No te castigues ni mortifiques. Sabés que lo tácito, en el fondo, siempre demostró algo de explícito...