Que apunte y dispare. Aunque, el yelmo roto. Ruge el silencio y la lluvia calla. Un leve sonido que parece murmurar una melodía conocida. Se mueve mi boca como siguiendo la música, aunque algunas piezas se trastabillan con el olvido, surgen pequeñeces de lo que trae el recuerdo.
Los años visten de negro y las voces que se callaron solo habitan en el pasado. El presente se viste de colores, de pintores surrealistas opacados por la virtuosidad de la confusión. El desnudo fue total, único, verosímil. Los brazos del reloj, que aprovecharon su carácter punzante, rasgaron mi
pericardio; para dejar en libertad lo que habitaba pudriéndose dentro.
Mientras, en el lado opuesto del rosa, mirás, juntás tus pies sobre las plumas, pisando el cuero. Se escapa alguna mirada entre lágrima y lágrima, que trato de hacer acompañar por una sonrisa. No se si logro entender el cienporciento de lo que profesás, pero recuerdo que tampoco entiendo la totalidad de mis voces. Quizás a esto estemos llamados, a quitar grises de los bolsillos; a dejar que los monstruos mastiquen las opiniones, al mundo, al resto.
Sacamos fotos viejas de los armarios, solo para rasquetear heridas caducas, sinfonías simples de escuchar y tan difíciles de reproducir.
Las sábanas de hoy me preguntaron y no supe que contestar, la almohada se quejó de haberte soñado, reminiscencia de tus pies sobre el sillón, casi en cuclillas; escuchándome, fraseando cuestiones de tiempo y oportunidad. Mi placar desordenado también te nombró y me dejó sin abrigo para salir a la calle.
2 comentarios:
Un brindis por cada palabra.
Kurco
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