Teoría de la pulsión y la realidad

A veces las esquinas no tienen un alavuelta que mostrarte; carecen de un doblez sin sentido. Son puramente vértices que, al seguir la línea que proponen, muestran exactamente lo mismo que antes de su interrupción. Como las puntas y aristas de un triángulo equilátero. Así también como cualquier polígono regular en el que sus lados y ángulos internos son congruentes.

La realidad suele emular a aquellas figuras presentando dobleces isométricos, haciendo homólogas a todas sus partes a pesar de traslaciones, rotaciones o reflexiones. Sin embargo, la naturaleza humana de las pulsiones, brinda una contradicción que las aleja de la perfección geométrica. Así como "La Biblioteca de Babel", también poseen incontables partes idénticas, imaginablemente infinitas, aunque empíricamente terminables.

Las tensiones entre la pulsión y la realidad tienden a querer romper la continuidad de las partes que aparentan congruencia. En ese mismo instante de tensión, es cuándo se produce el quiebre insalvable, donde los escalenos de la realidad toman protagonismo, donde lo irregular se hace corriente y sobretodo, cuando nos sentimos menos protegidos.

La relación también puede darse a la inversa: pulsiones congruentes, unidas interminablemente por el carácter homólogo de sus partes. Unión que se destruye con la realidad que quiebra los lazos que se suponían armoniosos.

Una tercera posibilidad, dentro de un sin fin de circunstancias factibles, es que ambas (pulsiones y realidad) se conviertan en un ciclo interminable de congruencias, que la naturaleza de sus partes sea homóloga, que los movimientos y reflexiones carezcan de sentido alguno más que demostrar su isometría. El sendero se hace colorido, polifacético. Y aunque se suponga monótono, será la alternancia entre lo netamente humano y su contexto, lo que hará que los dobleces sin alavuelta no sean meras interrupciones desaprovechadas, sino una esquina más que avala lo anterior. Prestando la congruencia que necesita el pie izquierdo para anteponerse al derecho, la que precisa la palabra antes de su propulsión desde los labios, aquella con la que sueña un beso no correspondido.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Las combinaciones son potencialmente infinitas, la sed también.
La vida en cambio tiene un vértice, irreversible e insobornable.
Gozar el transcurso es una estrategia contrafóbica altamente recomdable.
Y yo estoy muy lejos del hastío, misantropía aparte.

kollontai dijo...

El impulso a la exploración. La curiosidad. Lo misterioso únicamente se comunica con las mentes audaces como si supiese que solo en ellas reside ese fuego eterno que arde con pasión. Allí no hay una búsqueda de verdades. Tampoco un interés por descubrir. Nos empuja una necesidad irracional de adentrarnos en lo desconocido.