Las palabras surgen cortas, más como piezas musicales que como estructuras cargadas de significado. Un acorde que suena lindo, que se lee en el pentagrama blanco, liso, virtual.
Un fonema tras otro que hacen de un término, y sus bemoles, una melodía que suena muda.
Algunas frases que decoran las sombras, que despiertan a los que habitamos en los rincones, lejos del resto, de uno mismo, tan cerca de todo.
Esos sonidos tácitos, gestos, miradas, ese espesor que reclama la presencia absurda de algo que no se da a conocer. La necesidad misma de revolver cajones, de mirar por detrás del hombro, de repensar lo repensado y de soñar lo ya perdido.
Codo a codo con mi yo más desnudo, voy dejando las huellas de mis pies descalzos, que aunque algunos ojos reticentes afirmen ver mi rastro, yo trato de esconderlo, pasando por sobre el bastante maquillaje letrado.
Ahí en hacer barroco lo barroco donde encuentro mi simpleza, en dejar pequeñas pistas (algunas falaces) para que algún ojo ávido, encuentre las oscuridades diáfanas, la lobreguez más lúcida de mis dobleces, arrinconados por las luces y amenazados por las sombras.
2 comentarios:
Me gusta el sentido que le das a las palabras y lo rebuscado de tus frases...
Me gusta!
PD: A veces hasta los simples acordes sueltos poseen significado propio...
Sobre la calle que corre entre la Iglesia y la oficina municipal hay un agujero perfecto de diez centímetros de diámetro que se desarrolla como un eje a lo largo y profundo del globo terrestre.
De este lado está poblado por un número infinito de hormigas muertas, aunque aún nadie lo haya notado.
Temo que en las antípodas, en la cara que da al mar y con el mismo afán distractivo, esté solamente habitado por lágrimas.
Kurco
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