Tantas palabras que quedan entretejidas en las telarañas guturales, dejan un sabor amargo, espeso, corrosivo en el medio de la lengua. Como una infusión a temperatura inaguantable y sin un poco de azúcar.
Casi a punto de salir, como en estado de ignición, recorren los espacios bucales sin otro afán mas que ver la luz. Mientras, desde algún lado extraño, ciertas fuerzas recurren a todo tipo de estrategias posibles para evitar dicho despegue. Rebotando en los adentros, quedan sonando los recuerdos de la palabras no dichas, repicando en las sienes, a veces conforme.
Se da muerte, casi por instinto de supervivencia, sin ningún tipo de necesidad, más que la cobardía implícita disfrazada de respeto, la agonía blanda de algún sentido superpuesto con otro, la de la razón marchitando alguna que otra flor, pero construyendo campos.
Ahí va la palabra nunca pronunciada, en su funeral; el cuerpo que fue su cárcel, ahora es su féretro. Se sepultan junto a otros ímpetus reprimidos, de la mano con tanto beso encarcelado, al lado de tantos suspiros reprimidos.
Demasiadas palabras que quedan atragantadas, enganchadas en saliva mueren por dentro. En pos de su liberación, sus almas sin permiso, sin escudos, dejando rastros, haciéndose vivas y presentes, plasman su impronta en alguna hoja abandonada, en alguno de esos rincones que pocos acuden, en los gestos y en esas miradas (que terminan diciendo todo).
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En pos de su liberación, sus almas sin permiso, sin escudos, dejando rastros, haciéndose vivas y presentes, plasman su impronta en alguna hoja abandonada, en alguno de esos rincones que pocos acuden, en los gestos y en esas miradas (que terminan diciendo todo).
Muy bien Juan represión, por cierto feliz cumpleaños! enjoy it.
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