Por llorar y en la mugre de mis lágrimas encontrar la redención. Por la oscuridad eterna de la luz que encandila, por las ausencias y presencias, por la historia -la que hace al futuro- y por el presente.
Enmudezco, venero la falta de sonido, ese ruido inoportuno que destroza los sentidos, cada uno de ellos, desperdicia toda sensación. En el placer de oscilar repetitivamente entre el hedonismo y su orilla contraria.
Eudaimonía con arché, carente de physis, tan cargada del polivalente logos.
Las esquirlas de un recuerdo, siguen como guirnaldas viejas en una casa sin fiesta, como máscara sin rostro, como el principio sin fin.
Dispara a contraluz, el reflejo inoportuno de todos los restos de uno mismo. Con todas las manías insurrectas, con toda la carga de conocer las potencialidades pero con la abrumadora verdad de una actualidad cubierta de niebla, polvo y barro. Con la realidad inasible de la incertidumbre perenne del momento de caída; sin dejar que se alejen demasiado las múltiples y posibles encaramadas.
A veces cinco dedos, a veces diez entrelazados.
Más guirnaldas.
1 comentario:
El logos es la arché de la eudaimonía, porque desasirse del recuerdo es un buen atajo para seguir re-cuerdo. Ulises se ata al mástil para no caer, pero no quiere dejar de escuchar a las sirenas.
Sirenas.
Guirnaldas.
Elementos suficientes para comenzar a planear otra fiesta.
Pero bien larga, por favor.
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