descuajo los sonidos más fuertes
los desgloso, los vuelvo leves.
Rompo la monotonía de su toga
torturo a Nicómaco, lo corrompo.
Vacilo entre los extremos poco virtuosos
tan lejos de la perfección
tan lejos del resto
demasiado cerca del Letos.
Me hundo
sin corceles ni carro
sin lira.
Sin reminiscencia
que te rescate del más profundo olvido
del letargo más espeso.
Me voy
con el bolsillo lleno de lluvias
la retina llena de balcones
los oídos vacíos de tu voz;
pero repleto de mi
y de mi más preciosa soledad.
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