El Otro Yo

Apuntaste directo a mi. En ese mismo reflejo de siempre; el que me aburre, el que me cansa, el que me atrae. Me miraste sin saber que eras vos. Que no eras más que una máscara duplicada de mi rostro inadmirable. Que el rebote de tus ojos tristes me perforaban el pecho con mecha de seis; el tarugo se clavaba en el esternón de papel maché.
Me veías insultarte y la voz desde el espejo me gritaba también al unísono, muda pero en sintonía perfecta.... aunque con el razonamientos en diferido.
Mi yo empañable se desdibuja en la secreción de líquidos oculares, se hincha; se pierde en la nuca que ya no veo. Me doy la espalda con la mera ilusión de no recordarme, en mis dobleces, en mi mismo.
La almohada recibe mi rostro, para imposibilitar que algún brillante me espeje, me duplique, me torture. Sin alarma de por medio, mis párpados se abren reviviendo al reloj en una acción en reversa de mi usual rutina. El baño destruye el confort, arrancándole un alarido al congelado suelo. La ducha comienza a cantar y el vapor de un agua a temperatura inaguantable, asesina sin dolo a mi Mr. Hyde.
Desde abajo del agua me descubro sin mirarme, mirando de reojo al espejo, tratando de encontrarme en esa contradicción que acelera mi ciclotimia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nos volvemos a encontrar en el pensamiento.
Ciclotimia para todos ;)