Lento, el piano protagonizaba esa melodía de pensamientos desordenados. Aquella música foránea acariciaba el aire, se hacía mensurable. Vestía los colores que el viento lleva en el otoño, olía a la tierra recién regada, sabía a la paz más perturbadora.
Nada impedía ese sentimiento tan presuroso. Esa sensación nostálgica, ese algo pasado pero revestido, transformado. Sangra el labio de los nervios traducidos en mordidas, se desfiguran las uñas bajo un siniestro parecido.
El día se empañaba en prestarle sensaciones nubladas, que lo invitaban insistentemente a la autoflagelación mental. Nada salía bien, todo caía, moría, otoño del alma.
A punto de entregarse en una mueca de tristeza, brilla naranja intermitente que le roba una sonrisa.
Un instante de aire supremo en el pecho, lo revive. Caía muerto en el cuero rasgado de un sillón autaúdico. Pero ella, sin anticipación le regala un te extraño que se cuelga de un ángulo, dejándolo descolocado, disfrutando cada una de las nueve letras. Responde en el mismo sentido, con la misma cantidad de letras aunque distintas: yo también. Esas situaciones minúsculas que el contexto las gigantiza.
Después de un respirar profundo bendecido por un par de caricias letradas, vuelven a ser los de siempre. Mimetizados en la oscuridad que tanto les gusta, en una tristeza que les es funcional, en el juego constante de peleas de niños que tanto les divierten. Vuelven a la distancia que la comunicación les propone, a esa separación corpórea que las circunstancias les exigen.
Siguen, ambos, propiciándose te quieros, que atacan como punzantes dedos entre las costillas.
2 comentarios:
Citando a un hombre menos oscuro de lo que nos deja leer...
"A veces nos supongo como un complemento, una unión en la que nuestras partes no iguales se unen. Formando tal vez un ying-yang.
Aclaración1: Esas partes disimiles, corresponden a nuestra naturaleza más primitiva.
Aclaración2: El ying-yang que gestamos, no posee partes blancas, es más bien un círculo negro, que la gente entiende como mancha... pobres de ellos."
Una vez más, nueve letras.
Muchas veces me siento abrumada por tus palabras, me parece que tienen un nivel muy elevado como para poder alcanzarlas ...
"Siguen, ambos, propiciándose te quieros, que atacan como punzantes dedos entre las costillas"
Como lo prometido es deuda, de la manera mas burda y más sencilla te contesto: Te quiero mucho! Por lo que cuando te vea vas a sufrir mis dedos entre tus costillas de manera respectivamente proporcional a mi demostración de afecto.
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