Hoy

Hoy fue el día el cielo lloró la angustia que quisiera tener (no por masoquismo, meramente por inspiración). Hoy fue esos gotones que te acarician la ropa dejándote ese pequeño aviso, esa señal que dice que ahí estuvieron. Fue ese charco que te inunda la zapatilla, esa zapatilla que te deja su color impregnado en la punta de la media. Fue el paraguas del otro riéndose triste porque decidiste ignorarlo.
Hoy fue un Quinquela en blanco y negro, aunque también fue un asfalto colorido.
Fue un café sin café, una espera, una charla, un encuentro.
Hoy -tal vez- fue un día más. Quizás solo yo iba distraído pensándolo de manera diferente.
No fue martes, no fue once. No fue siesta.
Hoy, con el solo hecho de que haya sido, bastó.
En definitiva, es cierto que lo lúcido a veces tapa las luces de lo cotidiano, pero también es cierto que hay mucho más por encender que por apagar.
Con la única persona que vas a lidiar por el resto de tu vida, es con vos mismo. Por eso, mejor que el espejo no te sorprenda a oscuras buscándote en una historia ajena.


1 comentario:

Kurco dijo...

Parece que a cierta altura de la vida todas las historias tienen el doble carácter de ser tan intransferiblemente ajenas como ineludiblemente propias.
Saber entrar, poder salir.
Poder entrar, saber salir.
Y en el centro de todo el insolvente que desde el espejo te mira como si hubiera resuelto el dilema.