Los domingos son -quizás- para que cada yo muera, resurgiendo un lunes. Y aunque se que te encantaría que yo fuera meramente un lunes, acá estoy víctima otra vez de la nostalgia incontrolable de una madrugada cualquiera; la que imagino martes para poder decirte tantas cosas que ambos sabemos.
Sin chimeneas ni bocas propias, te invoco corazón, para decirte que ni la mismísima realidad logrará la muerte temporal de un nosotros que yace solamente en mi cabeza.
2 comentarios:
No consigo dormir. Tengo una mujer... Fue siempre uno de mis abrazos preferidos de EG.
No hace tanto subí y bajé -casi en simultáneo- Crónica de un perseguido y su dama de noche.
Más parecidos de lo que a veces nos creo, hasta en las vacilaciones nos encontramos.
Hoy tampoco escribo, y la doble moral de estos tiempos juzga mi indeferencia a todo, poniendo en duda mi nostalgia de un domingo cualquiera.
Es otra cosa, más pura, más visceral, más arcaica y a la vez tan compleja y ajena a uno. Nada nos define tanto como esta pulsión primaria, que jamás obedecerá al capricho.
Esta nostalgia de domingo es la que siempre roza y seduce al melancólico, que sin capacidad lúdica, no sabe qué hacer.
Ultimamente te leo algo sentimental, creo que se te están cayendo algunos cinismos.
¿Cómo te voy a distinguir entre la gente?
I really love you
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