Rompía el viento mi monotonía y el café amargo enloquecía a mis papilas receptoras de lo dulce.
El hilo roto de aquella marioneta dejaba manco al titiritero. El si menor del saxo disonaba con alguna escala mayor del resto de la banda.
Aquella muerte sobresalía por encima de muchísimas vidas.
La memoria -burlándose del veinticuatro- solo invocaba, caprichosa, tu recuerdo.
El blanco de la hoja nublaba el celeste firmamento de muchas ideas terrosas, tubérculos sin nacer, que morirían en la cosecha demasiado temprana de letras ilegibles.
Mis dedos -índice y mayor- presionan uno de mis puntos con pulso, lento se muestra; aparece y desaparece, intermitente, espaciado, melancólico. Casi a contra tiempo pestañeo, encontrando negros alternados con el reverso de mis párpados.
Me saco telas de encima y llora la ducha lavándome el día. Otra vez telas, horizontal. La luz cae presa de reloj. Entiende una vez más que llego mi momento, ese en el que muero durante un largo rato.
Muerte necesaria para tanta vida al día siguiente.
1 comentario:
Solamente las veces en estos versos, y ya vamos cuatro...
Me gustó as always, mucho, aunque seriamente creo que en noches como esas, deberías apagar la pantalla y horizontalizarte antes.
Te quiero,
S
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