Esas noches la pantalla no se apaga, para poder apagar la mente y volver a sentirme libre de culpa y cargo. El recurso de amparo viste de frazadas y la agonía de la madrugada se acobija en mi cuarto todavía vacío.
Estas noches en las que debería tantas cosas, me someto una vez más a credulidades, a la miseria carnívora del otro, a la posibilidad de empezar parcialmente de nuevo cuando las alarmas dejan de esconderse. Me sentencio bajo innumerables dogmas propios que reposan cuando cierro los ojos.
Es que esos días sin pantalla, dejo de ser meramente el dibujante de estas letras. Transustanciación de la tinta y el papel, en mi sangre y cuerpo.
1 comentario:
La pantalla nunca se apaga, siempre queda un haz de luz para que una letra se cuele.
Tu pantalla siempre está, quieta y expectante, esperando esa oración que a más de uno deja boquiabierto.
Nunca la apagues.
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