Sorpresas

No supo poner las manos como le enseñaron y rompióse la nariz de lleno contra el charco de la mediocridad ajena. Quedó ahí sentado en la baldosa de cemento, con los ojos abiertos permitiendo que de sus ojos la mugre entre y salga líquida.
Nunca esperó demasiado de alguien, sin embargo se siente vulnerable cada vez que se tropieza en el barro infinito que dejan las larvas en la tierra.
"Culpa mía" repetía mientras la gente lo ignoraba transitando a los costados. Sacó de su bolsillo del saco gastado un pañuelo de tela rantifuso, de esos que coleccionaba en su cajón. Se limpió la cara de los desechos propios y los ajenos. Logró pararse a pesar de los empujones y echó a caminar sin rumbo, solo por moverse.
La ironía lo mataba, se había sentido tan cerca, que las palabras le resultaban mamarrachos en el aire, un código incomprensible. El viento destruía las nubes de pensamiento y caminaba mientras masticaba nervioso lo que quedaba del filtro del pucho asesinado. La mirada furibunda lograba atravesar inquisiciones ajenas, fracturaba dedos punzantes. En el medio de un balcón y de repente se encontró con esos ojos verdes que le calman las ansias, que le regalan un segundo de paz infinito. Esos ojos que le hacen no generalizar, que le obsequian la posibilidad de esperar algo de alguien.
De repente ya no ve nada, el charco creció hasta su rostro destruido. La mugre volvió a taparle los ojos -hacia adentro y al revés. Nuevamente el cemento fue hospedaje transitorio para aquel que, aún en la espera de nada, espera demasiado.

2 comentarios:

sd dijo...

De cursilería mensual a sorpresas... sospecho cierto rasgo bipolar. Más que nunca espero que tu mesías y su fraude sean tácitos.

p.d: me nostalgiaste si me permitís inventar el verbo. bs

Anónimo dijo...

te quiero juansi