Once versus Once

Manchas color sangre en tus sentidos, meditaciones interrumpidas por lo precario del sentimiento. "Animal" te gritan sin entender verdaderamente que sos eso. Tu razón estaciona frente a la foto y pone marcha atrás. Quedás sentado mirando la pantalla, mirando la imagen, mirando a ella.
Mentiras textuales que no te entusiasman, pero que te sacan sonrisas, palabras que el vino borra al segundo, historias imaginarias que se disuelven en un once contra once; aunque no sea victoria.
Protestas, ruidos excesivos y un compañero que ya no te mira con buena cara. El ventilador suena cada dos segundos y su vuelta se hace molesta, distorsiona la recreación que tu cabeza estaba gestando.
Te distraés, vas por hielo, te acordás de ella. Te sentás y en la pantalla nuevamente la mirás, como si estuviera, como si realmente alguna vez hubiera sido tuya.
Invadís, perdés territorio y te sentís pequeño aún pudiendo ser Gulliver.
Tenés diez minutos -o un poco más- en cada orilla, disputás en ambos frentes. No atacás en ninguno, solo te defendés... vas perdiendo fuerzas, bajás los brazos, perdés, nuevamente.

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