Alguna de estas madrugadas, cuando los pájaros de la resaca me inciten a una muerte provisoria, decidiré aceptar que ya dí vuelta mi reloj de arena.
Quizás admita incluso que ya lo hice hace rato.
En ese trance crucial, me gustaría que alguien que tenga un escenario más amplio me invite a subirme a su propio viento para dar aunque sea una vuelta.
Sentirme tan feliz como despeinado, gozando la misma anacronía de este posteo tuyo y mío, mío y tuyo.
Y romper de un codazo el yelmo inútil de la mera cronología.
2 comentarios:
Viejo... ahora la vereda contraria me pertenece. No te queda más que transitar la otra. Ya sabés mi usuario y mi contraseña.
Tenés las armas que quieras y la hoja en blanco.
Juan
Sonó duro el guantazo. La lona recibía a la cronología; las etiquetas caen y es así que comienza la cuenta regresiva: 10, 9, 8...
Tal vez su yelmo esté roto, curioso que el codazo parta de justamente de dos admiradores de los cuadrantes y las agujas.
Mi gusto, seguramente, parte de una imitación a vos, aunque a veces presiento que en tu caso, disfrutás ver como nosotros no yacemos atrapados por el tiempo, sino que lo encarcelamos y lo vestimos de accesorio para nuetras muñecas.
Knock Out para el espacio temporal. Salud!
Publicar un comentario