Con Ismael

La madrugada me lo permite. Me desangro, vomito, expulso casi compulsivamente sentimientos disfrazados entre la métrica o las metáforas. Suelto, de la mano de algún gorrión, fantasías tímidas, apagadas, vitales. Las gambetas del mediocampo siguen ahí, intrascendentes, agonizando en el nebulosa de mis ideas inalcanzables.
Suelo pensarme, odiarme y amarme; alternando los mismos sentimientos pero situándote como sujeto. No hay prosas ni versos que abarquen mi pecho. Me fugo detrás de un seudónimo "equis" que en lugar de brindarme anonimato, me confiere la cobardía que tanto le critico al mundo.
Vuelo raso, planean los sentimientos acarosos, sobrevuelan terrenos pantanosos, estridentes, melancólicos.
Respiro cansinamente, parpadeo cada vez más lento, como si el tiempo que me separa de mi almohada hubiera puesto una alarma que ya me está buscando. Las diez prolongaciones de mi mano siguen, desobedientes, la producción puramente sentida, escupida, necesaria.
Trato de ponerme de pie para poder caminar, pero como si hubiera descubierto momentáneamente el sonido escucho el susurro de fondo de la cuchilla madrileña que apuñala mis oídos y estos a la nostalgia:


<Rendido, empapado en alcohol y en su ausencia,
sangrando la herida que ha abierto esta espera,
gritando: "¿Dónde estás, rubia? Regresa">














¡Gracias Coti por prestarme algunas de tus palabras!

1 comentario:

Cotii dijo...

Che , siempre me pregunto (desde que leo tu blog) Por qué escribis tan bien? , esa facilidad con las palabras daaa no se vale!
paresco un negro hablando ya !
Jajaja . Muy lindo lo que escribiste Juan :)