La botella, muestra cruel de la ansiedad que genera su espera. Esa espera obstinada, inútil, nostálgica. Revisa recuerdos momificados y desentierra tristezas nunca olvidadas. Mira otra vez esos ojos con ganas de que estos se muevan y lo miren, pero la foto seca, inmóvil, sigue con su rechazo.
Quizás el almanaque lo mortifique, o tal vez sea el mismo quién decide dicho martirio. Supura por sus ojos y su boca maldice al espejo. Su reflejo parece disfrutar el sentimiento. Uno sufre, su alter ego goza. Eterno equilibrio de opuestos.
Mancha sus dedos con letras. El teclado grita a causa del acoso recibido, aunque los dos sufren. Primero un nombre, los dos puntos y comienza...
Quisiera decirte y repetirte, que nada de lo que hice fue en pos de perjudicarte, sin embargo sé que lo hice.
Esa pequeña frase le suicida el alma.
Siendo ahora solo su corporeidad se limita solamente a sus necesidades.
Quiero verte.
Dos palabras que cambian todo tipo de sentido planeado con atincipación. Duda en presionar ese botoncito que acusa un "enviar". Llora como un chico y se siente completo, como antes, como cuando estaban juntos. El almanaque lo pone sensible.
¿Te acordás? Las imagenes a mí se me van borrando, pero lo que siempre recuerdo es que fuimos felices, había esos pequeños destellos que nos hacían bien.
La página continuaba demasiado blanca y los ojos de él la empañaban.
Los caminos se habían bifurcado y los intentos por cruzarlos nuevamente habían sido inútiles. Ambos lo sabían. Sin embargo algo dentro de él pedía incandescente un nuevo génesis, porque ella tuvo razón, eran distintos. Podrían inclusive jugar a cambiar de nombres y reconocerse.
Agónico esperaría una respuesta. Se prende un cigarro y se acomoda en su silla frente a su computadora. Los tres primeros minutos le costaron, ahora ya se acostumbró a esperar.
3 comentarios:
esos benditos y malditos instantes frente a un monitor en el que nos crucificamos esperando una respuesta y nos debatimos si apretar ese enter del teclado.
Muy bueno tu escrito, te mando un abrazo desde Entre Ríos. Diego.
Te juro que me facina como escribis no entiendo como te salen de la cabeza
y lo peor es que siempre pasan esas cosas..
Tus cuentos me dan ganas de decirte que te quiero, gordo. ¿Está mal?
Publicar un comentario