Esposa una sola muñeca y me hace prisionero. Carcome de a poco mi dermis y deja que su maldad cifrada en vueltas envicie mi sangre. Se repite, autoemula, regalándome magias indistintas e irrepetibles.
Evoluciona y muta, cambia de hábitat, grita, acompaña, destroza, sufre, muere. Él: víctima de si mismo, suicida.
Punzante, asesina números o -quizás- iluminado, mutila oscuridad innecesariamente.
Circular o lineal, ahí está, génesis y apocalípsis enmarcados en un cuadrante, comienzo y final condenados a vivir presos del insoportable y satisfactorio sonido: tic, tac, tic, tac...
No hay comentarios:
Publicar un comentario