Espiando desde el lado que no se ve y con actitud indeferente vuelco algún estornudo -impulso inevitable- sobre lo que estaba creciendo en lo negro. Con mi otro lado siempre ocupado, con mi lado siempre vacío, suelto algún parpadeo de recuerdos que te nubla adentro. Como una persiana que se cierra vertiginosamente y vuelve a abrirse emulando la conducta anterior. Cegándote de luminosidad, caotizando las sombras. Aún así, sin falsar la verdad. Sin golpear la puerta, sin un picaporte que se tuerza, sin palabras para empeorar un silencio. Con la fuerza suficiente para proponer un noqueo, pero ganando en las tarjetas.
Aparece volviendo del living, haciendo inversa la ecuación melódica y trayendo como obsequio, esa confusión preciosa que me envuelve en letras.
3 comentarios:
Espiando desde el lado que no se ve y con actitud indeferente vuelco algún estornudo -impulso inevitable- sobre lo que estaba creciendo en lo negro. Con mi otro lado siempre ocupado, con mi lado siempre vacío, suelto algún parpadeo de recuerdos que te nubla adentro. Como una persiana que se cierra vertiginosamente y vuelve a abrirse emulando la conducta anterior. Cegándote de luminosidad, caotizando las sombras. Aún así, sin falsar la verdad. Sin golpear la puerta, sin un picaporte que se tuerza, sin palabras para empeorar un silencio. Con la fuerza suficiente para proponer un noqueo, pero ganando en las tarjetas.
Aparece volviendo del living, haciendo inversa la ecuación melódica y trayendo como obsequio, esa confusión preciosa que me envuelve en letras.
Yo.
(desde el otro lado de la cama)
Y yo que pensé que estaba Cibeles...
Estaría. Pero no me deja.
Cibeles
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