No hay relación alguna entre mi almohada y mi suela. Entre los pies descalzos sintiendo el roce de la tela suave de la sábana y los mismos protestando por un plástico incómodo que va de pasodoble por el asfalto.
No hay correspondencia existente entre mi Ello y mi Superyó. Mi Yo no concilia ninguna exigencia ni demanda; yace apartado, en la sombra de un árbol leyendo, mascando las costas de la interpretación trunca del sueño austriaco.
No hay diagrama de Venn que encuentre intersección entre lo que ven mis ojos y lo que ven mis párpados. Sin conjuntos ni vacíos. Más como un diagrama de Johnston que hace de A y B la falacia misma, unida en un punto, pero inverosímil.
No existe tal conexión, pues el caos se hace orden mientras despego las cortinas oculares, mientras el sol -en pequeños fragmentos- perfora la persiana, mientras discuto conmigo mismo distraído, usándome de excusa para no revolverme otra vez solo en mi almohada, con el mero propósito de evitar concluir esa relación ficticia en el momento en que aterrice en mi suela.
2 comentarios:
¿Es la existencia la que ordena la realidad fragmentada para darle sentido? Percepción o sueño, sentir o imaginar.Yo creo que el caos tiene también su propio sentido el orden, después de todo,toda convención es arbitraria y llamamos caos a lo no convenido.
Muy bueno Juan, un abrazo
PD: Ni en pedo estudio filosofía si te deja la cabeza así.
Se puede prescindir de cualquier tipo de reflexión, incluso de la filosófica. Claro está: todo se convertirá en un monólogo a cargo de las suelas.
Kurco
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