se deben formar estalactitas en el pecho.
Como un dolor mineralizado que te decora la caverna del alma.
Tanta agua hecha pena
que se filtra entre las ranuras del yo;
girasoles que buscan el sol y salen.
Se desprenden de uno cayendo al suelo
a la tierra
al mundo que te ahoga en su miseria.
A dónde pertenecen.
Una sonrisa que despenaliza de la muerte
una mirada que te saca de la letanía más profunda
de la agonía menos parecida a la vida.
Cuando uno llora
dedicando aguas a algo/alguien por primera vez
el cuerpo parece morir
pero el alma ríe, feliz.
Sabe que nuevas estalactitas decorarán su caverna.
2 comentarios:
Muy emotivo... deben ser los onces, los onces y ahora vos. Bs
Y después de un tiempo esas lágrimas, que inquietan tanto a la caverna, dejan de doler, se enfrían y se edurecen..y como bien decís pasan a decorar el alma...
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