No se donde va tanta palabra suelta, con tanto verso sin rima que apoya su fin en mi almohada y me deja solo por la mañana.
Alguna melodía perdida sigue esperando saldar cuentas antes de morir definitivamente en ese acorde en séptima. Todo resabio del día calla ante circularidad lunar casi perfecta; hace silencio en una pausa tan larga como lo que duran los faroles encendidos.
Abren los cristales en la luz cegadora matutina, lloran un poco ante el maltrato del dorso de mi mano.
Se queja algún que otro sueño, que atrapado en lo más profundo de Freud, siente su agonía inexorable, su deceso. Se despiertan los sonidos, se mantiene el reposo aunque ya el fresco ataque de la mañana insiste y permanece, hasta que el movimiento le canta la falta; pero nadie se va al maso.
El agua cae, casi llora la flor que me sumerge. Escribe sus memorias la cama en sus sábanas, en la almohada que en sus dobleces dibuja mi inquietud. Chilla la pava, me pide auxilio, la inquisición la castiga y la salvo, solo para vaciarla en vida, sacándole sus jugos para provecho propio; para hacerme de una infusión, una compañía.
Pasan muchas suertes haciéndome burla y otras tantas saludándome. Se escucha mi camino en la suela un poco gastada, se escucha mi andar mientras evito que la traición de una baldosa me aniquile el pantalón falto de plancha.
El trabajo me persigue y lo dejo que me alcance. La soledad me carcome mientras las amistades se me acercan en un equilibrio que lejos de perturbarme, me inspira.
Se van esas marcas del día en los recuerdos de un pasado tan cierto como difuso. Marchan las agujas con un ritmo militar e imparable. Marcan los días que todo se aproxima.
Cuentan las historias que las montañas vendrán hacia mí si yo no voy a ellas; las mido en mi horizonte, mientras ellas me miden desde el suyo... yo quieto. Imagino que mientras pierdo tiempo deseando a mi montaña, a ella la erosiona su paciencia en la espera de que yo no le tema a caminar.
1 comentario:
Comentario para un amigo.
Cuando te leo y me leo temo criticarnos por enroscados.
En los nudos enunciados me detengo a modo de pausa linda y trato, a veces con más éxito, a veces con menos, de desenredarlos, estirar las oraciones y ver y beber el pensamiento siempre simple que escondíamos.
Ahí me doy cuenta que lo simple no se enuncia simple; que lo que se dice simple no se entiende simple y tengo que enroscarme… debo hacerlo para entendernos.
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