"Pulcrizándote"

Son esas gotitas de veneno. Esa porción pequeña que se filtra en un bocado y te deja sin aire, retorciéndote el estómago hasta la asfixia misma.
A veces no son fruto de un capullo, no son esa expresión idealizada de un revoltijo inocente que te inquieta las entrañas. No son varias alas cosquilleándote el páncreas. Es una angustia interminable de una palabra no dicha, de un suspiro predecesor de un silencio incómodo, mudo en sí mismo.
Es sentir que los ojos se pierden, sin dejarte ciego, pero mirando en una sola dirección, como si el contexto fuera una masiva blancura.

No siempre es sonreír atontado por cualquier expresión recibida. Es también el golpe certero y punzante que regala el descubrir que las rosas también tienen mal olor; que el mundo perfecto nace y muere entre hojas plastificadas rellenas de dibujos pasteles. Es -a veces- saber que la muerte no es tan dura, que la miseria es conjunta, que los deseos son pares (tal vez ajenos).

Es mirarte a vos mismo en otros ojos y ver que las mariposas que desgarran buscando bilis se posan en flores putrefactas, salidas del más burdo cuento de princesas; y aún así seguir queriendo quedar mudo, suspirando por la pseudo-ceguera conducida una vez más por una maravillosa voz, unos lindos ojos; o simplemente necesidad de empezar desde cero a soñar que las mariposas revolotean en tu estómago, haciendo cosquillas, inquietas; pintando de un falso rosa tus órganos oscuros.

2 comentarios:

sd dijo...

Es mirarte a vos mismo con los ojos inyectados en sangre que no es la propia. La materia descomponiéndose con un morbo tan frugal que te es casi imperceptible sino fuera por hediondez. O quizá peor...
Es ver que la mariposa que veja tus vísceras, perece por inanición.

Anónimo dijo...

REFUTACIÓN DE LA MEMORIA

Como las hojas de un árbol de eterno Abril, tras cada paso que doy sucumbe la exacta porción del suelo que pisé. A veces se derrumba, otras se desliza por un suave pendiente y otras muchas simplemente desaparece de mi vista.
Parece una situación imposible de modificar, porque cuando intento la recomposición no sé muy bien que hacer con cada fragmento. Pero no está en el mazo dejar de hacerlo: armo y desarmo, ensamblo y deshago, compongo y descompongo siempre figuras distintas según mi estado de ánimo , la fertilidad de mi imaginación y el rol de mi interés en cada trance.
Además, esto no se modifica si apuro el paso porque los tiempos veloces son solamente eso: veloces. El mecanismo se mantiene inalterable.
A lo sumo, si hago lento el paso, me arrebata el miedo de caer junto al camino dejado allí, precisamente atrás y abajo.
Hasta ahora, nunca tuve el coraje de mirar hacia atrás: temo encontrar en el fondo de lo ente una pila de escombros como única metáfora de mi existencia.
Kurco