en la oscuridad que regala mi sonrisa.
Disimulo la sombra con pequeñas luciérnagas;
terminan apagándose durante el día.
Salgo para encontrarte y termino siempre igual.
Vas.
Claro, yo retrocedo. -Viceversa-
Basta de instantes.
Te invoco, pero no te escribo. Que quede claro.
Mi regalo sigue siendo tuyo.
Necedad profunda de mis sienes:
Mastican ilusiones en empedrado mortero
machaca mi calzado el por venir ausente;
recorre las zanjas de la insalvable lucha
entre vos (a quién no le escribo)
y un yo rústico.
Veneno, siempre veneno.
En los ojos, en la mente.
Reparto y armo mi juego.
Las cartas ganadoras las dejo sobre el paño.
Pierdo.
Suelto mis cadenas, pero agarro mi red.
Salgo a cazar.
Luciérnaga, que desde hace tiempo se apaga...
-o se prende en otras oscuridades-
pero que me deje a oscuras.
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