Ojos bien cerrados

Se te caía un pedazo del alma. No te veía, pero ibas dejándolo caer traducido en agua. Rodaba lentamente, con la parsimonia pausada que tienen esos momentos. Tirabas por la borda de tu mejilla varias angustias acumuladas; caían indefectiblemente en tu ropa, dejándote esa marca momentánea pero delatora. Ensuciabas tus prendas impregnadas de mi perfume y yo sin saberlo.
Se despachaba entera y redonda poniendo un poco más de blanco al antónimo cielo nocturno. Las nubes te regalaban los grises.
No te puedo ver, pero te imagino dormida en la angustia, con tus ojos grandes abiertos plagiando al mesías, sangrando agua.
Otro cielo la enmarca menguante, sin nubes; sin grises. Inocentemente te pregunto cómo estás. Feliz, me respondes. Sonrío y te imagino igual.

Te pienso, pero no te veo… es que no creo ser parte ni de tu llanto, ni de tu risa.

1 comentario:

sd dijo...

"La melancolía es una cosa que uno no debería llevarse consigo. Es tan fácil, es cuestión de una hora, una hora escasa pero intensiva, con los dientes apretados, luego uno ha terminado con la melancolía para siempre... Todos los antagonismos son ilusiones: blanco y negro es ilusión, muerte y vida es ilusión, bueno y malo es ilusión. Es cuestión de una hora ardiente con los dientes apretados, y uno ha vencido al reino de las ilusiones."

Hermann Hesse, El último verano de Klingsor

P.d: No sé porqué pero me llevaste a este pasaje, bs amigo!