La melodía en mi cabeza hace de esa escena inexistente, una realidad tan inverosímil como triste.
El polvo se levanta desdibujando los trazos garabateados de mis ideas; de mi muerte seca, inconclusa, indeseada, irreal.
En el ambiente la triste miseria calla, voces mudas y palabras asesinadas en el funeral de tantas bocas. Miradas de música insípida, que desembocan irreversiblemente, en las equis del acaecer; constante, potencia en estado puro.
Resaca de tu seda, de tu abrigo dérmico; y de mis sábanas.
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