Since 1986

Cuando las historias se cruzan sin chocarse.
En ese momento exacto en el que se evita sin querer la colisión que pudo ser un nuevo big-bang.
No hubo comienzo, pues ni hubo encuentro.

Caen las miradas al suelo.
La noche va apoderándose del clima, el viento, las nubes, los grises, el negro.
Única vigía, inmaculada circular, escucha los susurros que desean una voz que no llega.
Mueren los intentos, las furias acorraladas, los acordes; pues ya no hay nada.

Sabe amargo el cristal.
Vuela lento el llamado, inexistente, inoportuno, último.

En tantas letras que soy, hoy me adhiero al paro, estoy presente pero no firmo.
Aunque mi mera presencia me delate.
Busca los vestigios de los escudos en el Templo de Marte.
No hay Roma, no hay once.

Siempre habrá un demasiado tarde reservado.
Difícil cerrar la hoja, la que las almas buscan, las que yacen en los rincones abandonados.

Muere el techo de los soles. Hasta nuevo aviso.
Hasta que la sombra deje de ser la única que sobrevive a la noche.
Hasta que el sum preceda al cogito.
Sin necesidad absoluta del ergo.









No hay comentarios: