Juanes

La copa se desangra lentamente en esa gota interminable que marca una perpendicular con el piso. Lo convexo del cristal reposa su agonía en un mantel empapado. Las manchas de la noche van dejando la huella imborrable del perfume del desorden.
El cementerio de bronce, yace plácido boca abajo dejando escapar por sus costados, a lo cuerpos a medio incinerar. Algunos marcados en sus extremos otros vírgenes, el aire viciando los pulmones renegridos de la ciudad.
El sillón, casi convertido en placard, luce los arañasos mortales de cada unos de los pecados capitales.
Las lluvias se hacían notar, cada una detrás del vidrio que le corresponde. Una húmeda, la otra gris; una interminable, la otra en un plácido y estremecedor mute. Las muecas de una luz que se asoma desde otro ambiente me invitan a correr la puerta y asomarme para ver que hay dentro. Despacio voy entrando y veo el pequeño velador con la tulipa astillada que ilumina la escena. Es ahí, cuando la cama toma protagonismo, donde me veo; en una mirada perdida sin espejos, en una expresión sórdida, extraviada, ausente.
Sin animarme a mucho, me acerco a modo explorativo, veo un dejo de respiración y me tranquilizo. Me apago la luz y me dejo en paz. Perezoso vuelvo al sillón despedazado en lo impío. Busco señal que me de imagen, escucho la puerta que cruje y me veo entrar. Descamisado, arrastrando el día en las vértebras, con la cara desecha de cansancio, me veo que apunto para el sillón que ocupo, me obligo a cambiar de rumbo. Al parecer mi yo taciturno de la habitación contigua no opuso resistencia alguna, pues me acosté a su lado. A la vez, me levanté del sillón y corrí a la cocina, ahí estaba, cocinando alguna muerte lenta de un sentimiento casi en pausa, al menos en cámara lenta.
No había espejos, tampoco eran reflejos, tan solo despojos de un yo completamente harapiento, cada uno una metonimia de mi día, cada cual un todo de mis partes.
Por suerte, alguno se despertará mañana y se encontrará con sus varios sigomismos para decirles que nada es para siempre, ni siquiera lo que no brilla.

1 comentario:

sd dijo...

Ultimamente yo no encuentro a ninguno de tussigomismos... Se extrañan, todos, mucho.