La hoja vuelve a protestar cuando me ve pensando en vos nuevamente. Se pone negra, como si no pudiera usar blancos para escribir. En esa batalla de humores vuelvo al ruedo con un montón de incontinencias que no hacen más que escaparse de una realidad austera y sin demasiados nombres.
Voy con la guardia en alto, por si el traicionero inconsciente se disfraza de abecedario y me tienta a obsequiarte otra vez un montón de frases que seguramente no leerás (o bien desestimarás).
Se volatiliza ya el recuerdo de algún acercamiento inoportuno, completamente a destiempo, tan pacificador. En el vórtice de la memoria, alguna melodía desconecta las terminales nerviosas, proponiéndome un knock out en pleno estado de conciencia; tendido en la lona mirando el cielo, ignorando las estrellas, la luna y su inmensidad, solo pensando en esa sonrisa que alguna vez tu boca me regaló, sin piedad, con la inocencia misma de ignorar que aquella es tu mejor arma.
Me rodeás sin mirar el suelo, con un brazo levantado, portando el cinturón de la victoria, sin siquiera disfrutarlo; tal vez, meramente desconociéndolo u obviándolo para no remarcar mi nueva derrota.
La hoja vuelve a protestar cuando ve que la uso nuevamente para pensarte. Se pone negra, a pesar de ya conocer mis blancos. Es ahí dónde no regreso, por un tiempo, cuándo de nuevo la vorágine de mis recuerdos me traigan frente a mi ese beso seguido de una tímida sonrisa que hoy me dan de comer.
2 comentarios:
Los recuerdos nos dan de comer mas seguido de lo que quisíeramos alimentarnos de ellos.
Hace muchísimo que no pasaba, pero bien valió la pena detenerme un sábado a la siesta y leerte despacito y tranquilo, sólo con el ruido del viento.
Un abrazo grande. Diego
Es casi como una letania,que se deja rezar en lo secreto. La música alegre contrasta con la profundidad del espíritu, del tuyo y del mio para hacerlo tanto más soportable... solo espero verte para darte ese libro del que tanto te hablé... es un viaje de ida... te espero del otro lado
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