Man in the Mirror

No hay excusas. Gritás contra vos mismo y el espejo se ríe. Sabés que hay colores y los negás por la funcionalidad que te brinda el monocromo. Ves de lejos la olla con oro, pero te espanta la idea de cruzar el arcoiris.
Te escondés detrás de un paraguas sin tela. El puente que usas de refugio te queda chico y entrás gateando, rompiéndote y ensuciándote las rodillas.
Les hechas la culpa y jugás con una dialéctica que convence al resto de tu falsa elocuencia. Es asesinato el suicidio y así caminás culpable de matar a tu verdadero vos; cargando la culpa, la sangre y las letras de lo que pudiste ser.
El reloj por primera vez te juega a favor y luego de una luz inspiradora volvés, reclamándote. El espejo ahí está esperándote, para poder reflejarte vivo y entero. Vos mismo.
Lejos aún del arcoiris das algún que otro paso, haciéndote el camino entre fulanos, menganas y utopías que bosquejan resabios de colores en tanto gris.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estamos en cosmos diferentes,
uno en cada cara del espejo.
Maldito zaguán que no puedo abrir,
está empecinado en divorciarnos
Me di cuenta que puedo ver tu retina pero no sentir tus palmas.
Te miro desde mi álgida dimensión,
te observo y sonrio al componer.
Cuando te desinhibís, falsifico tus ademanes y si me das la espalda te saco la lengua.
Para cuando me dejes ya habré lagrimeado y no te estaré esperando...
Regresás y el zaguán sigue cerrado
¿Por qué no me salvás?
¿Me vas a dejar mucho tiempo en este mundo de utopías?
Te suplico que me saques.

AS.