Los murmullos se volverán gritos. Las sospechas, certezas.
No habrá máquina que nos regale un volver atrás, será para siempre el primer nosotros; del que no podremos escapar.
Tus palabras, sexo para mis ojos, cargan la culpa sin condena de asesinarme varias veces por día, con la mera intención de resucitarme, para luego volverme a matar.
No hay Rayuela, ni atardeceres (ni Lunas), no hay guitarras ni peñas; solo vos disfrazada en cada una de mis realidades.
Voy a volver, después de recordarte muchos te quieros (mientras naranja se esconde traslasierra) buscando aquel primer nosotros. Voy a volver (ya solo un cuarto rojo queda) para mirarte lo más cerca posible; necesariamente cerraremos los ojos y en donde muchas ficciones encuentran su fin, nosotros hallaremos el comienzo.
1 comentario:
Si alguna vez jugué a los dados con los dioses sobre la divina mesa de la tierra, de tal manera que la tierra tembló y se resquebrajó y arrojó resoplando ríos de fuego... pues una mesa de dioses es la tierra, que tiembla con nuevas palabras creadoras y con divinas tiradas de dados.
No me preguntes porqué tu atardecer traslasierra resucitó en mi memoria estas palabras de Friedrich, que últimamente me visita demasiado. Bs
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