Se queja, sin dudas me está gritando. Pero no hago caso a los lamentos pasivos que genera el tocarla. Me siento vivo en su sufrimiento, no puede oponerse y creo que eso me motiva a continuar. Sigo escuchándolas, a todas las que fueron como ella; ahora, ayer y seguramente mañana.
A veces, cuando el resultado es frívolo y me marcho insatisfecho, es cuando más se enoja, protesta, bufa y suspira casi odiándome, yo la acompaño y me regalo el sentimiento. Pero otras tantas, yo la escucho gemir de placer, la noto disfrutar conmigo, incluso en el silencio, reposando, observando lo que creamos.
Sufrimos y disfrutamos juntos. En los sonidos y en la ausencia de ellos. Pero cuanto más fuerte y con más frecuencia se muestra estridente es cuando más me convenzo de que tanto ruido no es normal; debo cambiar la barra espaciadora de mi teclado.
3 comentarios:
Y vos excusándote con el burdo pretexto de la improvisación...
Cuando intuyo que no tenemos mejor inspiración que esta que nace de nuestro juego de alteregos.
Te quiero, mi mariscal
Gracias por tanta sombra...
Leeme
...
¿Jugamos?
Sólo tu dignísima falta de escrúpulos
puede subirse a esta silla.
Gracias por jugar...
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