Mover y yacer

Me paro en el valle de la hipertensión de la angustia. Ahí en esa planicie incómoda. Dónde montañas circundan; no me place ni avanzar ni retroceder, solo yacer.
Pertenezco aquí, a esto correspondo: a mirar el cielo y ver como la lluvia destroza la vista, a respirar el suelo y sentir la nariz llena de tierra seca, oscura, infértil.
Mis pies se quejan y agrietan por estar quietos y desnudos en la agresiva superficie.
La naturaleza, vengativa quizás con mi especie, me ataca por todo frente posible. Pero la rebeldía de una mariposa, me invita a volar, a sonreír, a sentir que no estoy solo.
Uno de mis sostenes físicos avanza taciturno quebrando la quietud, el otro lo sucede, ambos avanzan y yo con ellos. La oblicua se presenta complicada, pero vencible.
En la cima se ve del otro lado otro valle, otra realidad de carácter incierto. Me precipito a descender y encontrarme nuevamente yaciendo, quizás mejor, quizás no.
Allá voy.

2 comentarios:

Juan dijo...

La realidad es incierta por definición y como tal se opone a una esencia que es mera posibilidad. Pero la incertidumbre, que nunca se resuelve, cambia según la perspectiva.
Elijo entonces la cima desde donde contemplo el valle en el que, cuando afino la mirada, afortunadamente puedo distinguirme. Es fácil: soy ése que tiene los lienzos calzados hasta el esternón. Kurco

María ojos negros. dijo...

Hasta en las planicies más agrietadas, en los valles más profundos, es conveniente parar ver el paisaje, las mariposas revoloteando en tu cabeza, seguirla sin dar lugar a ninguna pregunta o respuesta sin saber el camino ni si hay alguna piedra suelta.

Me das mucha inspiración, lo que escribís no sé sos muy genial, realmente te felicito.