Ese día

El día en el que los espacios en blanco se acaben, moriremos; enterrados debajo de un montón de letras arrastradas por el viento si poder ser estampadas, unidas.
Ese día, la tinta de los poetas se secará, quedará quieta en los rincones de las mentes, sin poder disimular los sentimientos, esos que navegan presos en el mar de sus adentros.
Ese mismo día, dejarán de nacer princesas eternas, seres inmortales, héroes perennes y hazañas no perecederas. Vivirán solo por un momento, luego las lenguas los deformaran, alterarán, logrando, a fin de cuentas, asesinarlos.
El día en el que los genios no tengan más en donde crear, no habrá otras mentes aún más brillantes que aseguren definirse por lo leído, más no por lo escrito. No habrá nunca más una nueva cita. Quizás con un poco de suerte podremos repetir aproximada y oralmente alguna frase que nos haya traído la tormenta.
Cuando ese día llegue, el sol seguirá allá arriba, alternándose con la luna; las estaciones seguirán su curso natural y el mundo dará -como siempre- la vuelta a su estrella en trescientos sesenta y cinco días. Pero yo voy a vagar perdido y sin abrigo, voy a mirar todas las cosas que ya no hay, añorando esas épocas en las que mis tristezas podían decantarse en un papel.

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