Miró en blanco y negro

Maldigo mi dialéctica, esa que te regaló la posibilidad de continuar. Camino y viajo pensando en ese día, en ese instante en el que sabía que escupías mentiras. Pienso y razono, eso me condena -desde siempre- pero esta vez mi viejo amigo de número y agujas me dió la razón.
No puedo juzgarte, ni odiarte, ni siquiera obsequiarte malos pensamientos; pero cada órgano de mi cuerpo se hincha, se ensancha tratando de cubrir todos los espacios vacíos. Mi anatomía no aguanta la presión. El único hueco que queda libre es el del pecho; pero no ese que alguna vez ocupaste, uno nuevo. Uno del que sos participe, uno que -lamentablente- te mira con un poco de rencor.





Mis cosas solo apestando a mí, vuelcan en algún retazo
la angustia de ese cariño sin fundamentos.

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