Dicotomía bélica

La guerra había terminado. Otra vez el silencio incómodo habitaba la escena en ruinas. El viento soplaba tímido pero presente.
Los sobrevivientes podían volver a la rutina, a su destino inapelable.
Las sombras habían cambiado de lugar y poco a poco iban desapareciendo o haciendo juego con el cielo. Todavía en su cabeza rebotaban el eco de los gritos.
El encuentro lo había dejado exhausto, transpirando sobre su propia espalda. La noche comía su ventana. El pecho agitado del cuerpo que yacía a su lado, marcaba los compases de una música ausente.
El frío invadía. Buscando las sábanas y sin compasión ni arrepentimiento, ella observó como esa habitación había muerto en medio de ese choque de necesidades.

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