Cuarto Oscuro

Giro de nuevo la cabeza asombrado, con miedo, cansado. Otra vez huelo el terrible olor que solo el encierro te regala. Veo el aroma pestilente acumularse, concebirse, big-bang que da génesis a mi claustrofobia. Siento el gusto amargo de la oscuridad que únicamente te brinda la reclusión.

Mi aspecto denota claramente la prisión preventiva de la carne y aún peor, de las ideas. Letras insulsas, sordas, mudas, recorren burlonas la virginidad de la hoja. Rompen con la pureza del silencio tan solo para expresar un poco más de lo mismo.

Muñeco de trapo recostado sobre el respaldo sucio, húmedo de un sillón poco cómodo. Las manos muertas, la mirada apagada, la mente dormida.

Se escucha de fondo una melodía perturbadora, como si estuvieran musicalizando la quietud de mi habitación oscura, de mi pecho vacío.

No sé si disfruto mi demencia o me resigno ante ella. Creo aborrecer las sombras, pero me hacen compañía. Creí necesitar la luz, pero siempre me deja solo.

Muerte y resurrección a los tres días. Es martes otra vez y la usina vuelve a trabajar, los molinos giran nuevamente a pesar que el Quijote sigue amenazando. Grito liberador de la ducha, agua tibia, alma fría. La calle, los autos, el trabajo. ¿Otra vez rutina? No, un poco más de mí mismo.

Vuelvo y me encierro, me duermo y despierto; encuentro escrito esto y yo frente a la hoja no me reconozco como el autor.

No hay comentarios: