Se escuchó el disparo.
La bala avanzo desesperada, como si ella necesitara el encuentro. El pecho la esperaba inflado, víctima, ignorante.
El proyectil dio justo al costado del esternón, donde los humanos suelen tener el corazón. El arma humeante, era testigo de como su hija recién nacida atravesaba la carne, salpicando algunas gotas de sangre.
A través de la herida podía verse el hueco de un corazón ausente; él lloró.
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